El comercio informal se toma las veredas de Portete

Ya han identificado los puntos estratégicos para la venta y se han tomado las aceras de los mismos. A lo largo de la calle Portete, en el suroeste de Guayaquil, el comercio informal crece de la mano con grandes tiendas legalmente establecidas. Una escena contrastada que se repite todos los días.

“Es como una nueva bahía”, manifestó María Holguín, quien se acercó a la zona junto con su familia para consumir en un establecimiento de comidas rápidas y terminó comprando un abrigo para su hija.

Y es que el frío de la temporada exige a los transeúntes de la ciudad estar abrigados en las noches, y es exactamente esa situación la que aprovechan algunas vendedoras para exhibir abrigos, colchas, guantes, chompas, pijamas y otras prendas de lana en las veredas. A lo largo de la arteria se observan al menos diez de estos negocios.

Uno de los puntos donde más se concentran los comerciantes ambulantes es en la 17 y Portete. Aunque en las intersecciones con la 8, 11, 24, 29 y 38 la escena es muy similar, creando así un ‘mercadillo’, como lo aseguran algunos habitantes de esta avenida conocida como el bulevar del Suburbio.

EXPRESO recorrió la zona la noche del pasado lunes para constatar que decenas de personas de distintas partes de la ciudad arribaban a esos puntos para comprar cálidas vestimentas. Los puntos donde se instalan los tenderos son estratégicos. Por ejemplo, Olga Castañeda vende su mercadería traída desde su natal Otavalo a un costado de un local de comidas y los precios van desde los tres hasta veinte dólares.

María Chiza vende lo mismo, más otros accesorios como billeteras, canguros y correas, que permanecen echados en el piso, muy cerca de la puerta principal de un supermercado.

A pocos pasos, Cristhian Lazo se quejaba de la competencia. Él en cambio ofrece blusas y pantalonetas de 3 y 5 dólares, fabricadas por un familiar, pero aseguraba que últimamente el negocio no está resultando bien. “Sí hay competencia, ahora hay más vendedores que antes, pero hay que seguir adelante, igual, llega más gente cada quincena”.

Pero no todo es ropa, José Torres lleva siete años vendiendo cadenas y anillos de acero muy cerca de una farmacia esquinera. De esa manera los vendedores no necesitan que su voz se mezcle con la de los buseteros que recorren la Portete y en cada esquina que paran, gritan “a la PJ, a la PJ”, o si van por la 17 vociferan “venga venga a la 38”. Cuando las grandes tiendas cierran, los vendedores también levantan sus negocios.

Para ciertos moradores del sector y para quienes llegan al lugar por compras, el panorama es bueno, pues el sitio se torna movido hasta altas horas de la noche.

Carlos Terán, por ejemplo, iba desde la 22 y Brasil por segunda ocasión para comprar dos calentadores, aunque no precisamente por el gusto a ese tipo de ropa. Cada madrugada los sórdidos ladridos de su mascota le exigen un paseo por el vecindario. “Saco a pasear a mi perro, pero a esa hora hace mucho frío y no tengo ropa abrigada”, comenta, mientras revisa algunas prendas. A él como a muchos no les molesta que exista una especie de “bahía nocturna” allí, porque tiene un sitio dónde comprar ropa en las noches.

A otros residentes del sector, en cambio, no les agrada mucho la idea. Ellos aseguran que el mercadillo ha traído consigo más delincuencia y robos en la calle principal, pese a que cerca está ubicada una Unidad de Policía Comunitaria.

Una mujer, quien prefirió no identificarse, comentó a este Diario que ha sido testigo de cómo jóvenes y niños han asaltado a los autos y sustraído las prendas de los mismos comerciantes informales. “Hay que andar con cuidado”, recomendó mientras sostenía con más fuerzas las compras que trasladaba desde una tienda.

Otros moradores ven con desagrado que los comerciantes se tomen las veredas, pues obstaculizan el paso. AracellyFranco, otra vecina, cree que estos espacios deberían únicamente ser para la circulación de personas y no para la venta.

Jorge Rodríguez, vocero municipal, indicó que por el incremento de comercio informal también se ha dispuesto aumentar el control de la Policía Metropolitana en el sector.

Asentados en medio de la regeneración

Desde las intersecciones de las calles 11 (Federico Godín) hasta la 17 (Milagro), la Portete atraviesa por un proceso de remodelación. Las calles están siendo reconstruidas como parte de la regeneración urbana y el polvo, por la tierra al aire libre, aqueja a los moradores y transeúntes del sector.

Estaba previsto que los trabajos terminen el 8 de noviembre, pero por una prórroga de 45 días el plazo para entregar la obra será el 23 de diciembre, según lo indicado por el Municipio a este Diario.

Fuente: Diario Expreso.ec

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